Revivir muertos para hacer justicia


Todavía nadie ha conseguido dominar el arte de la resurrección, pero hay un doctor que se ha acercado a esa quimera como nadie antes. Por el momento no recupera vidas de entre los muertos, pero sí devuelve a cadáveres momificados o en estado de descomposición un aspecto muy parecido al que tenían cuando fallecieron.

Los tejidos negros recuperan el color de piel original y su textura, los músculos vuelven a ser flexibles y el rostro retoma sus rasgos principales. Es como si células que llevan dos, tres o cinco años muertas se inflaran de vida. Todo gracias a una solución química perfeccionada durante años por un genio anónimo: el odontólogo forense de Ciudad Juárez, célebre por ser una de las ciudades más violentas del mundo.

La necesidad de identificar las pilas de cadáveres anónimos víctimas de la guerra del narcotráfico era urgente en Juárez. Miles de personas fueron enviadas a fosas comunes sin conocer su identidad en los años álgidos de la violencia (2008-2012). Los cuerpos se amontonaban por los pasillos del depósito de cadáveres, y el odontólogo Alejandro Hernández Cárdenas, asignado a tareas de identificación de cuerpos, sentía que era una gran injusticia para las familias no llegar a saber nunca que su hijo, hermano o esposo habían fallecido.

Muy especialmente le conmovían las familias de las mujeres violadas y asesinadas en los llamados "feminicidios", que se convirtieron en plaga en toda la región. Y así, con sus conocimientos básicos sobre cómo recuperar huellas digitales mediante la rehidratación de las yemas, el doctor Hernández comenzó a hacer pruebas, a investigar, a perfeccionar las técnicas ya conocidas y, finalmente, a situarse a la vanguardia mundial en la rehidratación y posterior identificación de cadáveres.

Una formula secreta

Su fórmula química obtiene resultados tan impresionantes que no hay forense o criminalista que no se frote bien los ojos al observar cómo reflorecen los cuerpos. Incluso tuvo que pararle los pies al FBI para que no le arrebatara de mala manera el fruto de tantos años de inversión y trabajo. Gracias a su técnica de rehidratación de cuerpos, cualquier cadáver que todavía no haya entrado en estado de esqueletización puede ser recuperado para su identificación o para conocer las causas de la muerte.

“Yo no hice más que tomar los mismos químicos que ya se utilizaban y empezar a ensayar. Después de muchas pruebas con orejas y pieles de cerdos, vi que una de las fórmulas dejaba los tejidos en muy buen estado. Así que probé a meter un dedo humano, luego dije a ver cómo queda un brazo, luego una oreja, una cabeza y ya después decidí probar con un cuerpo completo. Realmente no esperaba esos resultados, y desde entonces he ido mejorando la fórmula. Antes necesitaba tres semanas para recuperar el dibujo de una huella en un dedo; ahora en tres a cinco días se consigue recuperar un cuerpo entero”, explica Hernández desde su modesto laboratorio, pared con pared del depósito de ca

dáveres del Instituto de Ciencias Forenses de Ciudad Juárez.

Este ‘milagro’ no se podría haber producido en otro lugar que Juárez. Primero por la enorme cantidad de cadáveres anónimos que la guerra del narcotráfico se ha cobrado en este punto fronterizo con Estados Unidos. Hasta 3.000 muertos cada año se apilaban en el desierto, en los cruces de calles y en los vertederos hasta que la paz, propiciada por la victoria del cártel de Sinaloa sobre el de Juárez, llegó a finales de 2012.

Filas de cuerpos que se apilaban en la morgue sin que nadie conociera su identidad permitieron a Hernández perfeccionar su técnica. Y, en segundo lugar, ayudó el clima desértico de esta región de frontera. Los cuerpos no se descomponen sobre la arena, sino que se deshidratan rápidamente por la acción de la arena y del sol inclemente, mutando a un estado de momificación. Una condición ideal, ya que el cuerpo conserva gran parte de sus tejidosblandos aunque lleve varios años fallecido, factor necesario para que Hernández pueda revertir el estado de las células.

“La piel rehidratada da muchas pistas sobre la identidad de un sujeto. Al inicio sólo quería recuperar la huella digital, pero luego vi que era posible recuperar lunares, tatuajes, imperfecciones de la piel, cicatrices, manchas. Después nos dimos cuenta de que se pueden recuperar los moretones por golpes o mordidas, aunque el cuerpo lleve años momificado. Si aparecen moretones negros, verdes y amarillos sabemos que esa persona fue golpeada durante días, y que probablemente fue secuestrada y torturada", explica Hernández.

"Poco a poco han ido surgiendo detalles que no sólo permiten identificar a una persona, sino apoyar al médico a determinar la causa de muerte en esos cuerpos en avanzado estado de descomposición que, en ese estado, impiden a los forenses trabajar. Hoy también trabajamos con cuerpos en descomposición, cuyos órganos internos se pueden recuperar aunque estén putrefactos para determinar el estado en el que se encontraban. Si esa persona falleció por un tumor hepático, por ejemplo, lo podemos saber”, continúa el médico.

El forense nos muestra dos tejidos sobre los que está trabajando en este momento. El primero, la piel que recubría la ceja y parte las sienes de una mujer. Tras ser rehidratada, la piel devolvió el color a una ceja tatuada en rojo. “Hicimos las pruebas de ADN al cadáver y nos dio una edad de 18 o 19 años. Luego contrastamos con la información sobre las jóvenes de esa edad desaparecidas en ese momento y dimos con la descripción de una muchacha que en efecto tenía las cejas tatuadas en rojo. Efectuamos pruebas genéticas a sus familiares y desvelamos su identidad”.

Cada vez que un cuerpo exhibe singularidades (rasgos físicos, tatuajes, lunares) se cotejan con la base de datos de personas desaparecidas de Ciudad Juárez. Y el porcentaje de éxito es muy elevado. Hernández también exhibe la piel casi completa de un varón, donde se aprecian cortes limpios (señal de tortura), hematomas y otras señales. En un par de días, cuando los químicos terminen de penetrar los tejidos, esa piel, ahora cetrina y acartonada, recuperará su textura y color originales y “hablará” sobre el fallecido. Hernández guarda los cuerpos hasta que termina el juicio sobre ese fallecido en concreto. Dictado el veredicto, el doctor se deshace de los cuerpos que ha rehidratado por los cauces tradicionales.

A la pregunta del millón, el odontólogo se justifica: “No puedo desvelar el contenido químico de la fórmula porque está en proceso de ser patentada. En cuanto me den el veredicto, ya sea que la aprueben o no, sí quiero dar a conocer la fórmula para que pueda ser utilizada en la identificación de cadáveres en otros lugares de México o en aquellos lugares del mundo donde la necesiten”.

Hoy, Ciudad Juárez es felizmente la 27ª ciudad con más asesinatos per cápita del mundo (538 homicidios en 2014), luego de haber ocupado el primer lugar durante varios años consecutivos. Un hecho que permite a Hernández investigar sin el estrés laboral de los años recientes y dedicar más tiempo a su nuevo reto: reducir todavía más el tiempo necesario para rehidratar un cadáver: “Hay un precepto en criminalística que dice que el tiempo que corre es la verdad que huye. Cuanto más rápido logre resultados que aporten información, tanto mejor”, afirma.

Todo el material que utiliza este genio de las ciencias forenses es un recipiente con sellado hermético para impedir que escapen los gases químicos y, por supuesto, los ingredientes que él mismo se encarga de comprar a los proveedores: primero porque a pesar de ser el pionero en esta técnica y líder mundial en identificación de cadáveres, no dispone de presupuesto para este trabajo, ya que oficialmente su cargo es odontólogo forense; y segundo porque aún tiene que mantener su receta en secreto.

Hernández coloca los cuerpos en lo que él llama “el jacuzzi”, los sumerge en la fórmula y espera a que la apariencia de esa persona reflorezca milagrosamente. “Es un misterio cómo actúan los químicos sobre las células para conseguir que cambien de color y de estado, porque son tejidos muertos que no deberían reaccionar. Fisiológicamente no lo sabría explicar”, admite. “Lo que ocurre a nivel químico es materia para otro estudio, y de hecho ya hay investigadores químicos trabajando sobre este asunto”.

Hernández, al que algunos han apodado Doctor Frankenstein o el “resucitador de cadáveres”, continúa con su trabajo anónimo en Ciudad Juárez a pesar de la proeza científica de su descubrimiento. Una técnica que podría tener muchas aplicaciones médicas en personas vivas, como por ejemplo víctimas de infartos u otras dolencias que implican la presencia de tejidos muertos dentro del cuerpo. Por el momento, este odontólogo se contenta con ayudar a las familias a recuperar a sus seres desaparecidos y poder así cerrar el duelo.

Fuente: El confidencial

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