Errores históricos: el Caso Dreyfus y la pericia caligráfica

El caso Dreyfus es sin duda uno de los más emocionantes procesos que la historia judicial registra y que marcó un antes y un después en los métodos de análisis de escrituras manuscritas.

Dreyfus: traición en tiempos de guerra

Corría septiembre del año 1894 y el servicio de contraespionaje francés interceptó una misiva con secretos de estado enviada al agregado militar alemán en París. En vista de su naturaleza, esas informaciones sólo podrían haber partido de uno de los componentes del Estado Mayor del ejército francés. En el sumario instruido, las sospechas recayeron sobre el capitán de artillería Alfredo Dreyfus quien fue detenido inmediatamente.

Dreyfus había nacido en Mulhouse, en la región de Alsacia. Dicha región aunque francesa por aquel entonces, culturalmente era de clara influencia alemana.

El documento de prueba más importante que pudo esgrimirse contra el Capitán fue el texto de una carta escrita sin fecha ni firma, encontrada rota en trocitos en la papelera del agregado militar de dicha embajada en la que se anunciaba el envío de datos referentes a un manual de tiro de campaña, todavía en proyecto. El documento se reconstruyó mediante fotografía y posteriormente se copió a mano por expertos. La imputación comenzó a tomar cierto cuerpo cuando aparecieron los primeros peritos. En 1894, examinaron el documento Gobert (perito del Banco de Francia), Alphonse Bertillón (experto en Antropometría), Pelletier (del Ministerio de Bellas Artes) y Teysonnières (grabador).

Gobert era el único perito con alguna experiencia y llegó a conclusiones negativas: afirmaba que el documento no había sido escrito por Dreyfus. Tuvo que luchar contra violentas presiones hasta el extremo de que llegó a decir: Yo había pensado al principio, que lo que buscaban era consultarme, que diera mi opinión, y yo la di. Después de darla, me di cuenta de que la determinación ya había sido tomada.

Bertillón fue llamado después de Gobert. A pesar de su preparación elemental (no llegó a concluir lo que hoy llamaríamos el Bachillerato Superior o Secundario) Bertillón se convirtió en el más completo policía de Francia, ocupando finalmente el alto cargo de Jefe de Seguridad Nacional. Fue el organizador del sistema de identificación antropométrico y puso las bases de la moderna policía científica.

No obstante su indiscutible autoridad como técnico-policial es preciso hacer notar que Bertillón no era un perito calígrafo y que nunca había hecho una sola pericia de ese género. Bertillón llegó a la conclusión sin reservas de que Dreyfus era el autor del documento. Hoy en día la lectura de su informe causa perplejidad pues se basa en fundamentos falsos.

Pelletier, el tercer perito, examinó el documento y dijo que no era letra de Dreyfus, declarando que las igualdades eran banales, al contrario de las diferencias que sí que eran numerosas. Por su parte Teysonnières también era partidario de la autoría por parte de Dreyfus del documento. Es interesante saber que trabajó con el informe de Bertillón mientras elaboraba el suyo y que la influencia de Bertillón había sido clara, no sólo por esta circunstancia, sino también porque fue el propio Bertillón quien recomendó como perito de la causa a Teysonnières.

Aunque Dreyfus negó siempre toda participación en el repugnante delito de traición del que se le acusaba, el consejo de guerra lo declaró culpable de traición y le condenó en diciembre de 1894 a la pena de deportación con pérdida de empleo y honores militares.

En consecuencia fue degradado públicamente y conducido a la isla del Diablo en la Guayana francesa. El desgraciado Dreyfus reclamó en vano la revisión de su causa, haciendo las más sentidas protestas de su inocencia, pero su voz no encontró eco hasta 1898.

Descubriendo la verdad

Un año antes el Teniente Coronel Picquart del contraespionaje francés había obtenido pruebas de que el verdadero traidor había sido el Comandante de Infantería Henry Esterhazy. En agosto de 1898, el Mayor Henry admitió haber falsificado pruebas contra Dreyfus y se suicidó en vísperas del arresto.

Una corte de apelaciones llamó a un nuevo juicio que ocurrió a mediados de 1899 luego de que Dreyfus fuese traído desde Sudamérica, enfermo de malaria. La reputación del ejército estaba en juego y los militares estaban más decididos que nunca a sostener su posición. La junta de oficiales que presidía el jurado votó a favor de una nueva condena contra el Capitán acusado, pero la injusticia a estas alturas era tan evidente que el presidente de la república Émile Loubet ofreció el perdón a Dreyfus, quien, presionado por el entorno, lo aceptó.

Así fue la increíble historia de un capitán del ejército francés caído en desgracia, historia que obliga a verla desde otra óptica: el caso Dreyfus fue la llave de oro de la Pericia Caligráfica. Muchos espíritus noveles, atraídos por la especialidad se pusieron a estudiarla, aplicándole los conocimientos de otras ciencias.

Surgieron entonces serios trabajos sobre cuestiones periciales. Debido a todo esto apareció precipitadamente la obra de Persifor Frazer, que hoy ya agotado su valor técnico, sigue ejerciendo una singular fascinación por su elegancia de estilo y sus métodos un tanto utópicos de investigación.

El propio Bertillón pasó a considerar, con mayor interés, esas cuestiones y como resultado de sus estudios y observaciones, publicó su trabajo “La comparación de las escrituras”, del cual surgió su método de comparación “morfológica”.

Dreyfus fue reincorporado al ejército y promovido al cargo de mayor. Luchó en la Primera Guerra Mundial en el frente de batalla y finalmente murió en 1935 en París a los 75 años de edad.

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